La alteraciónImponer el diezmo (10% de los ingresos) como una ley obligatoria del Nuevo Testamento, bajo amenaza de "maldición financiera" (citando Malaquías 3:10 de forma descontextualizada). Se enseña que no diezmar es "robar a Dios" y que hacerlo desata automáticamente las bendiciones prometidas. El diezmo se convierte en una transacción financiera con Dios.
La realidad bíblicaMalaquías 3 fue escrito a Israel bajo la Ley de Moisés, no a la iglesia del Nuevo Testamento. El sistema de diezmo del Antiguo Testamento era un sistema tributario para mantener la tribu de Leví (los sacerdotes) y los pobres de Israel —no tiene equivalente directo en la iglesia. Pablo, al hablar de las ofrendas, nunca menciona el diezmo: "Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre" (2 Corintios 9:7). La generosidad cristiana es motivada por la gracia, no por la obligación legal.
"Porque Dios ama al dador alegre." — 2 Corintios 9:7