La alteraciónEl Movimiento Apostólico y Profético (MAP o NAR) sostiene que Dios está restaurando en la iglesia contemporánea el oficio de apóstol y profeta con la misma autoridad que los del primer siglo. Estos "apóstoles" tienen autoridad para dar nuevas revelaciones, corregir doctrina, controlar iglesias y exigir sumisión absoluta.
La realidad bíblicaLos apóstoles del Nuevo Testamento tenían un requisito muy específico: haber sido testigos oculares de la resurrección de Jesucristo (Hechos 1:21–22, 1 Corintios 9:1). Pablo, como "nacido fuera de tiempo", fue un caso excepcional que él mismo reconoció como el último (1 Corintios 15:8). El fundamento ya fue puesto (Efesios 2:20); no se vuelve a poner cada generación. El canon bíblico cerrado y la Escritura misma son ahora la autoridad apostólica y profética definitiva para la iglesia.
"Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo." — Efesios 2:20