Yael Gutierrez.

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Por qué estas Doctrinas
Persisten

En muchas de estas iglesias, el pastor se posiciona como el "canal exclusivo" de la voz de Dios. Frases como "Dios me dio una palabra fresca para esta iglesia" les dan un poder absoluto sobre la congregación.

Si uno comienza a leer la Biblia correctamente, se da cuenta de algo liberador: cada creyente tiene el mismo Espíritu Santo, el mismo acceso al Padre y la misma capacidad de entender el texto. Al democratizar el conocimiento bíblico, el pastor deja de ser un "intermediario místico" y pasa a ser lo que la Escritura describe: un maestro que rinde cuentas de lo que enseña.

Si toda una congregación pentecostal se pusiera a estudiar crítica textual, griego básico e historia de la iglesia durante tres meses, es probable que se dieran cuenta de que una parte significativa de sus prácticas litúrgicas no tiene sustento en el Nuevo Testamento. Es una conclusión incómoda, pero honesta.

Por eso muchos prefieren mantener a la gente en el círculo cerrado de la emoción: mucha música, mucha adrenalina, mucha "guerra espiritual" y sermones moralistas de tres versículos aislados. Mientras la gente está llorando o gritando en el altar, no tiene tiempo de sentarse a estudiar los manuscritos antiguos.

Es la paradoja más grande del mundo religioso: se regala una Biblia cuando alguien se bautiza, se exige que la lleven bajo el brazo todos los domingos, pero ay de quien se le ocurra leerla con el cerebro encendido. Se permite leerla para memorizar promesas bonitas, pero se prohíbe analizarla críticamente.

"La verdad os hará libres." — Juan 8:32